26 abril 2007

La autocomplacencia en la autodestrucción, una venganza contra el mundo

“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos. ‘¿Qué me ha ocurrido?’, pensó.”

En La metamorfosis de Franz Kafka.

18 abril 2007

Si el poder es algo, la soberanía es nada

Si un día vamos a morir, es inútil tratar de controlarlo todo, es ridículo asegurarse un futuro. Preferible es recobrar para lo humano el valor del instante y la animalidad negada. El ser realmente soberano -diría Bataille- es aquel que pone en cuestión la propia vida, la propia razón, la propia individualidad separada y segura de sí. La soberanía exige la donación, el sacrificio, la puesta en juego de todo saber y todo poder, exige perderse a sí mismo, rebelarse a obedecer y también a mandar, perder todos lo lugares, negarse, evitando ser alguien, entregándose a la ruina y la perdición.



La escena es de Fight Club de David Fincher, que condensa algunas de estas cuestiones.

10 abril 2007

Ese charquito de sangre que por fin ha cesado de ser yo

“Me desperté con una mancha de sangre reseca pegoteada sobre uno de mis párpados. Un arañazo, profundo, cruza transversalmente las arrugas de mi frente. Sin embargo, últimamente, he estado durmiendo solo. Y me pregunto por qué un hombre, incluso en un mal sueño, alzaría la propia mano para lastimarse la cara.”

En El rasguño de Raymond Carver.

08 abril 2007

Lost

Camino apurado. Mirando el piso. Como siempre. De repente, una voz me obliga a levantar la mirada de las baldosas. Es una mujer, desorientada. Me pregunta adónde queda la calle Cabildo. Le indico, es fácil. ‘Acá a dos cuadras’. Sigo mi camino. Me siento reconfortado: (suena ridículo pero) pienso que hice la buena acción del día. Enseguida, me perturbo. Desde hace un tiempo a esta parte me pasa muy seguido. Dos o tres veces por semana (¡a veces hasta día por medio!) alguien me para y me pregunta por alguna calle o me pide una indicación sobre algún lugar (nunca me preguntan la hora). Siempre puedo orientar y ubicar. Pero siempre quedo yo (luego del regocijo inicial) algo desorientado y desubicado. Algo pasa. No es normal. Alguien trata de darme algún mensaje. De algo tengo que darme cuenta. Sigo caminando. Mirando el piso. Esta vez con ella (¡al fin un testigo!). Súbitamente, en la calle más oscura del barrio, de atrás de un árbol, desde la nada misma (lo juro), aparece una vieja. Se acerca y me interpela: ‘¿dónde queda la parada del 107?’. ‘Ahí en la esquina… señora’, le respondo. Algo pasa.