26 septiembre 2007

Los hombres que demandaron a Dios

El primero, el protagonista de la película El hombre que denunció a Dios, de Mark Joffe: su velero queda destrozado tras un rayo; el seguro se niega a pagar los daños alegando que se trata de un acto divino (la aseguradora se apropia de este exclusivísimo derecho de la Iglesia); el damnificado resuelve, entonces, demandar al Todopoderoso. Las iglesias, en calidad de representantes de Dios, podrán ganar el caso probando la inexistencia de Dios o bien deberán pagar al demandante (interesante dilema el que se les presenta).

El segundo, el rumano Pavel Mircea, en lo que el fue el divulgado caso “Mircea vs. Dios” (2005): condenado a 20 años por asesinato, acusó a Dios de “haber violado el contrato que establecieron durante el bautismo, de no cumplir con su promesa de mantenerlo lejos del mal camino, de no protegerlo de la tentación del diablo, que lo embaucó y estimuló para que matase a una persona”; reclamó una indemnización por un supuesto delito de soborno y fraude, pidió que se le devuelva el dinero gastado en servicios religiosos y velas (¡La realidad supera a la ficción!). Las autoridades judiciales no descartaron investigar al Creador, pero el asunto se congeló por ¡“falta de presupuesto”! Finalmente, el caso se resolvió a favor de El Señor porque “carece de un domicilio en la tierra hasta el cual el tribunal pueda hacerle llegar una citación para declarar” y porque “no se encontró a un abogado que pudiera representarlo” (lo cual me resulta muy sospechoso: los abogados saben que algunos casos se ganan, otros se pierden, pero todos se cobran).

El tercero, Ernie Chambers, un senador norteamericano que esta semana acusó a Dios de haber causado “nefastas catástrofes” en el mundo que han provocado “muertes generalizadas, destrucciones y han aterrorizado a millones de habitantes de la Tierra, incluso a bebés inocentes, niños, ancianos y enfermos, sin ninguna distinción”. Ante la imposibilidad de que Dios se presente en el proceso, reclama se cite a representantes de “varias religiones, denominaciones, y cultos que, de manera notoria, reconocen ser agentes del demandado y hablan en su representación”. El demandante reconoce que ha hecho “razonables esfuerzos” para invocar al demandado con llamados de “manifiéstate, manifiéstate, donde quiera que estés”, aunque sin éxito. La demanda fue admitida por la Corte de Nebraska. El motivo que impulsó a este legislador a demandar a Dios fue, en realidad, evidenciar que en Estados Unidos una demanda puede prosperar más allá de lo extravagante de su contenido lo que, por cierto (y aquí otro interesante dilema), genera adhesiones y críticas en igual medida. Un caso así, por otro lado, nunca podría darse en nuestro país: no hay tal clase de legisladores inteligentes, creativos y desafiantes.

Por último, las demandas pueden parecer ridículas pero, ¿acaso es tan ridículo pensar en “Dios” como el mayor asesino de la humanidad, ya sea ‘por vía directa’ o a través de sus representantes y fieles?

17 septiembre 2007

Las evoluciones (o posibles involuciones) de un artista

En sus continuas exploraciones y construcciones creativas, en sus búsquedas de Algo (la mayúscula no es un error), en sus persecuciones (está bueno de vez en cuando refrescar por qué este lugar se llama como se llama) los artistas no siempre dan con obras del gusto de los receptores -no digo que les importe, son pocos los que crean en función del gusto de su ‘público’. Yo siempre tuve esta misma sensación: cuando una producción artística al fin me gusta, cuando siento que el artista ha llegado a su máxima expresión y que no es posible que me atraiga aún más, me invade la melancolía. 

12 septiembre 2007

Una belleza siniestra y fría

I
Raza de Abel, duerme, bebe y come;
Dios te sonríe complaciente.
Raza de Caín, arrástrate
en el fango y muere miserablemente.
Raza de Abel, tu sacrificio
¡Agrada al olfato del Serafín!
Raza de Caín, tu suplicio
,¿acabará alguna vez?
Raza de Abel, ves prosperar
tus siembras y tu ganado;
Raza de Caín, tus entrañas
aúllan hambrientas igual que un perro viejo.
Raza de Abel, calienta tu vientre
en tu hogar patriarcal;
Raza de Caín, tiembla de frío
en tu antro, ¡pobre chacal!
Raza de Abel, ¡ama y prolifera!
Tu oro también se multiplica.
Raza de Caín, ardiente corazón,
guárdate de esos grandes apetitos.
Raza de Abel, tú creces y roes
¡como las chinches la madera!
Raza de Caín, arrastra
por los caminos a tu arruinada familia.
II
¡Ah!, raza de Abel, tu carroña
¡abonará el humeante suelo!
Raza de Caín, tu tarea
no ha sido aún acabada;
Raza de Abel, para tu vergüenza,
¡las cadenas fueron vencidas por el venablo!
Raza de Caín, sube al cielo,
¡y arroja a Dios sobre la tierra!

Esta semana se cumplieron 150 años de la publicación de Las Flores del Mal de Charles Baudelaire. Este poema -“Abel y Caín”- siempre me gustó porque evidencia el inconformismo del poeta y ese 'orgullo digno' del que sabe que la rebelión está condenada al fracaso pero, aún así, se rebela.