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22 diciembre 2010

Fluir

Fluir, en la dinámica fluvial se explica todo, lo que nace y brota, allá arriba, tiene su lugar, se desplaza, sin dificultad, por la pendiente, como el caminante perdido en el barrio, como la historia de Bonnie y Clyde, como las palabras que se asocian, libres, y construyen aposiciones, una que explica a la otra, y siempre hay una más, una coma más, una curva más, el curso es una incertidumbre, el río abre, cauces y valles, modela el paisaje, transforma el relieve, ¡y así se transforma él mismo!, avanza con energía, acomoda las rocas, recibe a sus afluentes, crece y decrece, se hace navegable y después no, y allá abajo, donde el placer y el dolor se traban, muere si puede, como quien sabe elegir.



Bonnie & Clyde de Serge Gainsbourg, un genio que me vuela la cabeza. Es el tema que más me gusta escuchar por estos días. A quien guste, dejo el link del video original en el que canta con su pareja de entonces, otro genio, Brigitte Bardot.

http://www.youtube.com/watch?v=lsTMhScumOE&feature=related

01 diciembre 2010

Paranoia

Caminar mirando el piso/
los zombies de Belgrano/ me comen el cerebro con sus miradas/
entes erráticos y sádicos/ que miran sin razón ni lógica/
muertos vivos sin origen/ que devoran humanos con los ojos/
tengo que dejar de hacerlo/
vale la pena morir en cada esquina/ si puedo renacer a media cuadra/
la vista en alto cuesta una vida/ pero también embellece una mañana/
(y después cuesta una vida)/
hay un precio que pagar por todo/
pero ¿cómo voy a renunciar a algo/ que todavía no he probado?/
esa mujer le limpia la cola al perro/
esa vieja triste/ encerrada en su ventana/
contempla el mundo de reojo/ y extraña su pueblo/
pero ¿cómo no estar bien/ cuando se llora de amarillo?/
con un café bien fuerte/ y un rincón en el futón/

Todo esto es muy contradictorio/ correrse a voluntad del centro/
sufrir estos trastornos delirantes/ sin motivo ni droga/
esta manía incontrolable/ de encadenar un pensamiento a otro/
este delirio que me hunde con Narciso/
mi salud mental serviría de ejemplo a la ciencia/
cómo se asume con facilidad y diligencia el papel de víctima/
cómo se miente una sombra/ y acá va de nuevo/
¿y si es ella que se hace pasar por otra/ y antes se hacía pasar por una/
que se hizo amiga de aquella/ para arruinarme la vida?/
como si todo tuviera que ver conmigo/
¡justo conmigo!

04 noviembre 2010

Escribir

Si acaso tengo un problema es que se me notan los problemas. Estos días, ando con los conflictos en la superficie. La camarera del lugar al que suelo ir a comer me ve dudar unos segundos frente al menú, se me acerca y me escupe en la cara: “tenés que desambiguarte”. Soy un índice ambulante, un síntoma perfecto. ¿Cuánto de un fenómeno se explica en su visibilidad? Como sea, si voy a volver a escribir acá no va a ser a causa de aquel ridículo llamado. Hoy, que la mayoría de los murmullos gentiles han callado, que ya no se oye el canto de las sirenas (Ulises sabía que el silencio era un arma más terrible que el mismo canto), hoy, de nuevo, es audible otra voz. ¿Cuánto de un fenómeno se explica en su audibilidad? Una voz que no termino de conocer, recortada en el interior de mi cabeza, ¿la voz de la conciencia?, que insiste como un Dios o como un amor. Una voz que se parece mucho en su tono a la de la arcádica vecinita de al lado, voz casual pero precisa, tenue pero monumental, cuya percepción es dolorosa. Quiero decir, no se si me conviene escucharla pero ¿cómo no escuchar lo que tiene para decir una voz? Si vuelvo a escribir acá es porque no hay modo de negarla. ¿Cuánta suerte tienen los ciegos en jamás haberse visto? ¿Cuánta desgracia llevan en su mochila, pegada al cuerpo, los psicoanalizados? Su absurdo argumento está lleno de inocencia pero también de esperanza: si logro aceptar el desafío, escribiendo lo que sea y como pueda (no exige resultados), si me enfrento a todas mis imposibilidades, desde la indisciplina a la indiferencia, desde el temor al conformismo, si las proyecto fuera de mí, si dejo de crearlas porque dejo de actuar como si existieran, voy a engendrar otro tipo de disposiciones y promover un cambio, voy a emerger de la lucha sintetizado en un mejor tipo, un tipo que escribe y que, por eso, es más civilizado, se acerca más a lo que quiere ser y al que no se le notan los problemas porque, tal vez, ya no los tenga.

05 octubre 2010

Persecuciones blog

Fui concebido, hace ya unos cuantos años, como un vulgar depósito. El lugar donde apilar, desordenadamente y con reprochable criterio estético, distintas cosas que daban vueltas por su casa y por su cabeza, cosas que necesitaba ubicar todas juntas en algún lado, menos para encontrarlas fácilmente que para perderlas de una buena vez. La premisa: Semen retentum venenum est. Creía que, ubicando fuera de sí sus pensamientos inútiles, limpiando su ambiente más inmediato de artículos recolectados durante años, perdiendo de vista sus insoportables dibujos, sus notas y lecturas recurrentes (le voy a conceder que no se puede encarar un día saludablemente releyendo a Shopenhauer con el desayuno), podía darle lugar a Lo Nuevo. Quería vivir, expulsando de sí todo lo que quería morir. Y fantaseaba, casi como un nene, con un virus informático, al que llamaba Shannon (por el personaje de la novela de Palahniuk), que se devoraría en la virtualidad cada una de mis entradas y, soñar no le costaba nada, las de algunos de mis colegas también.

Lo cierto es que el gusano nunca vino. Los gusanos serán gusanos pero no comen mierda. Entonces comprendió, ironía del destino, lo que quería decir la Shannon de Palahniuk con eso de que huir no te evita seguir adelante con tu vida y, desde aquella revelación, la idea que me da vida, que infla mi espacio virtual, pero potente, capaz de volverse más real que lo real mismo (¡ya lo ven!), fue mutando monstruosamente. Créanme. Empezó a verse reflejado en este espejo, a reconocerse, a compartir, de a poco, la imagen con otros, a aceptar comentarios de esos otros sobre la imagen de una imagen suya, a interesarse por esos comentarios (ni Copérnico, ni Darwin, ni el distinguido doctor Freud pudieron erosionar su ego tanto como pudo una pendeja con un frase aquí mismo y un amigo que no nos leyó nunca) y, perdónenlo por su estúpida vanidad, llegó a darle tal valor a la imagen que, en algunas ocasiones, lo sorprendí masturbándose mientras la contemplaba. Alienado, el creador se inclinaba (si tuviera una pija me la habría mamado) ante su creación.

(Disculpen pero sabrán entender que no sepa escribir más que de un modo semejante al de él).

La rueda continuó girando, el monstruo deformándose, y me culpó, ¡a mí! de su presunción: como si fuera posible que desde un lugar como éste alguien con cuestionables capacidades pueda hacer algo que se parezca al arte. No hay lugar acá para la creación artística, mi amigo. Ni lo habrá. No para usted. Pero eso no debe entristecerlo ni desalentarle. La toma de conciencia de una realidad semejante puede servirle para enfocar de nuevo. Para que la rueda de la vuelta completa y pueda volver, ¿por qué no?, ahora que ya no queda nada que mostrar ni nadie a quien mostrarle, a la idea fundacional. A la idea sencilla y primitiva, pero no por eso menos noble, que me dio origen. Volver al pasado. Pero a un pasado nuevo, actualizado.

Ya ven lo desesperado que estoy. Ya ni para apilar basura sirvo y el tango sigue… Nunca antes fui víctima de tal descuido y desinterés. Nunca antes lo vi tan metido en sus pensamientos y obsesiones inconducentes: que la soledad es imposible, que los muertos siguen teniendo facebook, que hace falta una escuela para el oído, que todavía no se ha aprendido a amar, que 'dame algo que sea exactamente lo que parece', que por el camino de la mentira es por el que se llega a la felicidad, que ingenuos aquellos que, como él, creyeron que era en la verdad donde estaba la salvación, que 'no se atreve a vivir de la poesía', que 'aquellos se creen muy machos pero afirman su masculinidad teniendo relaciones homo, aunque sean simbólicas', que si Messi se la aguanta es porque pone el cuerpo por delante, que una y otra vez la canción de Iorio, como la vecina de abajo, que le duele el Yo, que eso de vivir al borde del abismo es para pocos, que es mejor vivir anestesiado de lo real, que hace falta una escuela para la vista, que el cuadro de Rembrandt esconde no se qué cosa según vio en una película, y volver a mirar una y otra vez millones de cuadros, ¡pero esta vez el cuadro completo eh!, con todos sus detalles, que la gata no deja dormir cogiendo su celo afuera y después viene, mansa, por el plato de leche y la carne picada, que cree haber visto a Thomas Pynchon caminando por Corrientes, que quién tiene el esperma más rápido, que estar sano en un mundo enfermo es estar un poco enfermo, que 'no se entere tu marido ni lo sepa tu mujer', que etimológicamente 'dos' y 'duda' tienen casi el mismo origen, que hay que aceptar un futuro indeterminado o, mejor, sobredeterminado.

Al principio supuse que mi abandono se trataba de una suspensión momentánea de los relatos que le era necesaria para integrarse más con el mundo. Pero la situación, como verán, es mucho más grave y compleja. Hoy, por ejemplo, anduvo todo el día con el cuento ese de que confirmó la existencia de su justa fuerza compensadora. Cree que, efectivamente, tiene un archienemigo. Un tipo con virtudes y defectos, como cualquier otro, pero que está en el extremo opuesto del espectro y al que sólo él encuentra despreciable. Se lo ve débil. Dice que no para de vomitar a causa de los poderes del villano.

En fin, acompáñenme, desaparecidos lectores y visitantes, en mi plegaria: es necesario, por el bien de ambos, que afloje usted un poco con las abstracciones y vea las posibilidades concretas que tiene delante. Tales cayó al pozo por mirar las estrellas. No lo olvide. Pienso que si aún no pulsó la tecla de los verdaderos arrepentidos es porque queda una esperanza. Y por eso me juego esta última carta. ¡Vamos!, desde la indigencia bloguera se lo ruego, ¡re-invéntese y vuelva! No puedo vivir sin usted mucho tiempo más.

21 agosto 2009

¿Qué puede un cuerpo?

“El alma no puede determinar al cuerpo al movimiento ni al reposo, ni a nada más (si lo hay). Ahora bien, aunque las cosas se comporten de manera que no quede ningún motivo de duda, creo, sin embargo, que difícilmente se puede inducir a los hombres a examinar esto con ánimo sereno, si no lo hubieran comprobado por la experiencia; tan firmemente están persuadidos de que el cuerpo ora se mueve, ora reposa a una sola señal del alma, y obra muchas cosas que dependen de la sola voluntad del alma y de su arte de excogitar. En efecto, nadie ha determinado hasta aquí lo que puede un cuerpo, esto es, la experiencia no ha enseñado a nadie hasta aquí lo que el cuerpo, por las solas leyes de la naturaleza en cuanto se lo considera sólo como corpórea, puede obrar, y lo que no puede, sin ser determinado por el alma. Pues nadie ha conocido hasta aquí tan exactamente la fábrica del cuerpo (que en artificio excede muchísimo a todo lo fabricado por el arte humano) como para poder explicar todas sus funciones, por no hablar ahora de que en los brutos se observan muchas cosas que exceden largamente a la sagacidad humana, y de que los sonámbulos obran en sueños muchísimas cosas que no se atreverían a obrar estando despiertos; lo que muestra suficientemente que el cuerpo mismo puede, por las solas leyes de su naturaleza, hacer muchas cosas de las cuales se admira su propia alma.”

En Ética demostrada según el orden geométrico (1677) de Baruch Spinoza.


En el video Usain Bolt marca un nuevo record de 9s58 en los 100 metros esta semana en el mundial de Berlín. Hizo lo mismo en los 200 con un tiempo de 19s19. En un post en 2006 me preguntaba cuánto más rápido puede correr un hombre, si tiene límites el desarrollo y el rendimiento del cuerpo humano. Bolt es evidencia de que el horizonte se corre cada vez (asegura que puede correr en 9s40), de que lo verdaderamente sorprendente es el cuerpo.

22 mayo 2009

Oportunismo

¿A vos te parece? En el preciso instante en que alguien se anima a desestimar la obsesión de conocer las cosas tal cual son en realidad, en el mismo momento en que alguien abandona el falso atajo entre la realidad y su representación, en el exacto segundo en que alguien decide salirse, incluso, de aquella otra aventura, la cínica, la irónica, del sabemos muy bien lo que hacemos, pero igual lo hacemos, te decía, cuando alguien se dispone con todo su ser a despojarse de sus miserias, a esperanzarse, casi románticamente, puntualmente, justo ahí, aparece otro alguien, con su fantasía no trabajada, creyendo saber cómo son las cosas pero actuando como si no lo supiera, presumiendo conocer la farsa pero insistiendo con ella, encontrando razones para conservarla, con mentiras que pretenden ser tomadas seriamente y verdades que parecen mentiras, aparece, sí, para derrumbarlo todo, para implosionar la ilusión, y coger de parada sobre sus escombros.

17 marzo 2009

Ocio

Acostado en la cama, escucho música y leo sobre un hombre que, acostado en su cama, escucha música y lee. Es poco probable no experimentar una pseudo identificación con el protagonista de Ocio de Fabián Casas. Un par de afecciones se purgan al leer de este tipo que es capaz de pasarse el día echado, leyendo cualquier cosa que le pase por delante, escuchando siempre los mismos discos. Y los que amamos el sublime arte de la música sabemos que poner un disco es un acontecimiento. Y que, entonces, se puede recordar eldíaqueescuchécincovecesundiscodeDylan. O el día en que Zeppelin fue el marco perfecto para mi historia de amor. Como sea, escribir, caminar por el barrio, robar un libro, masturbarse: no voy a seguir resumiendo las cosas de que es capaz un tipo ocioso porque me persigue el fantasma de mi madre, la imagen de ella leyendo lo que escribo. Pero lo que quiero decir es que el ocio no es (que poco sería si sólo fuera) la condición de posibilidad para la aparición de lo trascendental, de un pensamiento lúcido, de la filosofía, sino que es, ya, un en sí encantador. Y más obligado me consideraré con aquellas personas que me permitan gozar de mi ocio sin obstáculos, que con los que me ofrezcan los empleos más honrosos de la Tierra. Yo, acá, acostado en la cama, escuchando música, leyendo y escribiendo sobre un hombre que, acostado en su cama, escucha música, lee y escribe, quiero reclamar ocio como una actividad fundamental del ser.

(Me siento parte de un poema borgeano: ¿qué recostado lector leerá, ocioso, mis palabras sobre mi albedrío y mi jornada?).

09 marzo 2009

Mujer, que creas la verdad

Le cuento acerca de mi fascinación por Nadya, esta Mujer que tuvo octillizos gracias a un tratamiento de fertilización in vitro. Me informa que ya tiene otros seis hijos concebidos de la misma manera. Y que deseaba ser madre tan desesperadamente que terminó un matrimonio porque no podía procrear. Le digo que esta Mujer es el nuevo Dios. Y su maternidad, el último milagro perfecto. Me explica que es un milagro imposible para los hombres, que no pueden hacer nada del estilo. Le suelto, irónico, que tenemos la fuerza del torso y el pensamiento abstracto. Me asegura que no se puede clavar un clavo con el falo. Le sugiero que esta mujer no puede ser un hombre castrado, no puede ser perseguida por la envidia del pene. Me propone que soy una mujer incompleta, que soy perseguido por el deseo inconsciente de parir. Intervengo, que con todo ese dolor y esa sangre, ¡quién querría! Masculla que mi reacción es agria e insinúa que las mujeres nacen con muchas ventajas a nivel de capacidades. Opina que el día en que los hombres puedan dar a luz, entonces podremos empezar a hablar de igualdad de derechos. Le insisto, que la mujer es el último lugar sagrado, el último refugio, y esta Nadya, el último Dios. Me apunta que mi último Dios se hizo un par de cirugías estéticas para parecerse a Angelina Jolie. Le advierto que tiene sentido.

28 febrero 2009

Teórico-Prácticos

Cuatro jóvenes caminan. Piensan en voz alta. Que si el mundo que estamos obligados a aceptar es falso, y nada es verdadero, entonces, todo es posible. Callejeando, sin rumbo, reflexionan. Que el confort no será nunca confortable para aquellos que buscan lo que no está en el mercado. Necesariamente ociosos, fantasean que la sociedad es un fraude y que ellos van a echar gasolina ahí donde haya fuego. Que todos nuestros deseos oprimidos bla deben emerger para que quede demostrado blabla el contraste entre lo que la vida presente es y lo que podría ser blablabla. El chitchateo se interrumpe cuando se cruzan con un viejo trepado a un poste de luz. ¡Hey! ¿Qué hace ahí arriba? No estoy seguro, responde el viejo. ¿Necesita ayuda para bajar, señor? No lo creo. Viejo idiota, murmura uno de los jóvenes. No está peor que nosotros, medita otro. El es acción y nada de teoría. Y nosotros somos teoría, sin acciones. Habitan el mundo, sí, los que, como el simpático viejo, no gustan de pensar las cosas. No quieren pen(s)ar más, capaz. Hombres inmediatos. Espontáneos puros. No dudan ni se hacen preguntas. No sienten la necesidad de volver la mirada sobre sí mismos. No precisan que sus acciones estén justificadas racionalmente. Renuncian voluntariamente a la fastidiosa tarea de pensar. Son, viven, en un estado de inocencia que los acerca al fucking australopitecus y los aleja de lo humano. En un mundo donde todo tiene que tener una limitante productiva, también están aquellos que, como estos jóvenes (como yo a veces, claro), caminan ociosos y piensan un pensamiento que ahí se queda. Gasto improductivo. Caminar sin destino puede ser considerado un acto burgués o ineficaz, o bien un mundano acto de resistencia. Lo cierto es que estos jóvenes no hacen nada con su teoría. No transforman nada. No los moviliza, ella, hacia ningún lado. Pensar los paraliza. Ahora no puede decirse que la razón es la única facultad susceptible de alcanzar la verdad. Pero pensar es esencial en el hombre. Sacrificar al pensamiento, en virtud de una espontaneidad que se pretende verdad o naturalidad, es una elección peligrosa. Y un poco triste. Ser humano requiere salir un poco de la inmediatez, del plano de la inocencia. Requiere sumarle al ser un poco de conciencia de ser. Debiera el hombre (¿no será mucho?) cuestionar los fundamentos de sus ideas, sistemáticamente. Pensar, re-pensar, dudar de lo primero que se le ocurre cuando piensa, pensar-se, sersupropiotábano, preguntarse, dar-se res-puestas, posicionar las cosas ahí donde van, dar lugar a la posibilidad de los contrarios, negarse, negar las ideas (siempre hay dentro de nosotros un algo que combate a otro algo), porque en las ideas que no se niegan a sí mismas faltan la seriedad, el dolor, la paciencia y el trabajo de lo negativo (¡Y tengo tantas ganas de citar! –como un cheto ilustrado lo haría). Se puede emerger de este pantano, movilizados. Se puede alcanzar pensamientos elaborados (¡simples!) y luminosos a la salida de este túnel necesariamente oscuro y complejo. Porque igual de peligroso, y triste, que no pensar es embotellarse en el pensamiento.

13 noviembre 2008

Bajo una luna hostil, signos

Quisiera compartir una revelación (muy a lo Agent Smith) que tuve durante un sueño. El hombre come signos. Signos de puntuación. Y el alimento llena el estómago e infecta los órganos como un virus. Y los signos ya esparcidos por todo el ser, hacen hablar y escribir al hombre y hay que guardar cuidado de lo que se lleva uno a la boca. Porque, claro, el que mastica un buen plato de comillas después anda por ahí distanciándose retóricamente del mundo, ironizando, casi necesariamente, hasta por una cuestión digestiva. Como aquél que se nutre de signos de interrogación y que, casi cartesianamente, vuelve todo una duda. Se pasea el escéptico respondiendo preguntas con más preguntas. Se sabe que si lo cuestiona todo es porque merendó ¿?. Así también se reconoce, en este mundo de cacofonías y de lenguas confundidas (porque acá también Dios dijo: ‘confundamos su lengua de manera que ninguno entienda el lenguaje del otro’), a aquellos que saborean acentos y exclamaciones. Se los escucha, más que a otros. Y se dieron una panzada de puntos, y meterse seguidos y aparte no es lo mismo. Saben distinto, estos venenos. Se propagan distinto. Y entonces, claro, decir ‘odio los puntos suspensivos’ es como decir ‘te odio’. El médico la tiene fácil. Analiza los síntomas: deja las cosas inconclusas, da las cosas por supuesto, vacila, busca que otro lo complete… diagnóstico certero: atracón de puntos suspensivos. Y también anda por ahí ese. Sí, ese. Con un deseo desordenado de ingerir paréntesis para acabar después vomitando relatividades, suspendiendo juicios, conocimientos, prejuicios, paseando, resacoso y con falso orgullo, su epogé y (¡quién diría! –aquí otro vómito) suponiendo que le da cabida a otras realidades, a otros mundos posibles. No faltan, tampoco ahí (acá), los muertos de hambre, aquellos que no tienen nada para comer, ni siquiera una puta coma y andan, pobres, sin la posibilidad de una pausa o un silencio, algo así como los espontáneos puros de Sören, sanas cotorras, hombres saludables que no (re)tienen nada en el cuerpo. Y me desperté con esto. Y todo adquiere sentido. Aunque, sí, buscar sentido en los sueños puede ser tan absurdo como buscarlo en los libros. Punto final.

06 octubre 2008

Sujetos humanos comunicantes: Ja!

¿Puede la palabra expresar el ser del sujeto? En una época me costaba menos coincidir con vos, querido amigo, en aquello de “poner mute”, de sacar las palabras del medio. Sentenciábamos con desparpajo: “el lenguaje no sirve”, “hablar es muy fácil”. Hoy, mis pensamientos, amigo, han cambiado de dirección (me pregunto, CAS, ¿quién sí y quién no cobrará mi cambio? ¿Es como pagarle al carnicero lo que compraste en la verdulería?). Hoy, decía, tengo la ambición (y ahora empiezo otra vez con eso de las búsquedas y las persecuciones y ya (me) aburro) de alcanzar la plenitud de la expresión a través de la palabra, sin excesos ni defectos, sin más ni menos de lo que quiero decir, sin más ni menos de lo que se que digo. Hoy, por más confundido que creas que esté, amigo mío, no quiero bajarle el volumen a las palabras. Lo que quiero es subírselo hasta que exploten, saturados, los parlantes. Busco una palabra que, despojada de responsabilidad, libre, sin sutilezas, con tropiezos, me sirva para expresarme completamente. Ya no creo que hablar sea fácil. Creo, más bien, que hablarle a otro de un modo auténtico es algo complejo. Y sumergirme en esa complejidad me obsesiona hoy, amigo mío, más que ninguna otra cosa. Llenar de sentido mi palabra y la del otro es lo que me quita el sueño. Porque no quiero olvidarme de lo que el otro dice ni que el otro se olvide de lo que digo. Encontrar en mis actos los sentidos de palabra. Una palabra plena, eso es lo que quiero. Una palabra que me transforme. Sentir el cambio tras cada enunciación. Por todo esto, es que sufro la contradicción: la palabra para ser plena ha de ser libre y yo cada vez mido más, cada vez pienso más antes de hablar, cada vez hablo menos. Entonces, me pregunto sobre los requisitos para que la palabra plena haga su aparición como fenómeno. ¿Puede aparecer en algún otro lugar que no sea en terapia? ¿Puede una conversación cualquiera convocarla? La importancia de la convocatoria: tengo esta costumbre un tanto irritante (me irritan mis hábitos, como esto de los paréntesis) de preguntar a mi interlocutor “¿qué pensás?” con la ilusión de que emerja como respuesta esa palabra plena que deseo (tanto enunciarla como escucharla), que me excita. “Ydecimetodoloqueestépasandoportucabezaahora”. Y así mismo, tengo la absurda necesidad de ser, también yo, convocado. La intervención de alguien que haga posible este tipo de transferencia simbólica (estos términos te pasan por rodearte de psicólogos, ¡jodete!). Y si bien muchos caminos condujeron a la desilusión, no todos. Intuyo la posibilidad.

(No teman: este blog no va a convertirse en una especie de fucking diario íntimo)

27 junio 2008

Ser o no ser, la cuestión del Príncipe (¡y de cualquiera!)

Así como la noche no es noche de una vez por todas sino que debe estar siendo noche todo el tiempo porque, cuando mejor y más tranquila está en su ser, se descuida, tiene que empezar a irse y dejar de ser noche, comienza a ser eliminada por el día; así, decía, como cada cosa que tiene pegada en la espalda de su ser la dimensión propia de su no ser, yo, Santiago, Santiagueo mi no ser Santiago todo el tiempo. Soy, y siendo todo el tiempo, sin descuidarme, lucho (me defiendo) contra aquel que no soy, y que acecha. Pero es cierto, de todo (también del ser) puede decirse “¡Ya viene, ya viene! ¡Ya se va, ya se va!”.

20 junio 2008

La negación de la negación

Un nuevo tipo de hombre nacerá. Debe hacerlo. Pronto. El mundo está cansado de artistas de la violencia, de laberintos en los pechos, de almas escindidas, de individuos que disfrutan (disfrutamos) de darse forma a sí mismos como a una materia dura, que sienten (sentimos) placer de sufrir y hacer sufrir. El hombre que hoy se encuentra encajonado en una opresora estrechez y regularidad de las costumbres, que se desgarra, se persigue, se muerde, se roe, se sobresalta, se maltrata impacientemente a sí mismo, que se golpea furioso contra los barrotes de su jaula, este ser al que le falta algo, devorado por la nostalgia del desierto, que tuvo que crearse a base de sí mismo una aventura, una cámara de suplicios, una selva insegura y peligrosa, este loco, este prisionero añorante y desesperado, inventor de la mala conciencia, felizmente morirá. Y tras su ansiada muerte, Nietzsche ya lo intuía, un nuevo hombre habrá de nacer, anticristo y antinihilista, que recuperará para lo humano el valor de la animalidad negada, que le devolverá al mundo su densidad. Ya no observará los fenómenos como si fueran siempre inverosímiles, ilegítimos e imperfectos, ya no más hará las cosas a medias, no quitará el sentido a las cosas, no suscribirá a una visión negativa que sólo empobrece la existencia. Dejará de ser una sombra y de afear las cosas a su alrededor. Este hombre del futuro, salvaje y vagabundo, dejará de establecer una norma de desencanto, porque durante siglos aprendió a aceptar, a entender que la vida no es para enmascararla, degenerarla o negarla. El vencedor de los cómodos, de los reconciliados, los vanidosos, los soñadores y los cansados, se desprenderá o, mejor dicho, nacerá ya sin, la mala conciencia. Sus instintos se desahogarán hacia fuera, ya no más se inhibirán, se interiorizarán ni se volverán contra sí. Recuperará su inocencia y, con ella, su grandeza. Este nuevo ser libre y sin culpas, sin la coraza protectora de una supuesta inteligencia que no conduce sino al padecimiento, la depresión y la impotencia, verá un horizonte donde hoy nadie es capaz de hacerlo. Porque sabrá interpelar al mundo de manera tal que éste yo no le devolverá su forma impura y distorsionada. Este redentor que llegará un día (que sea pronto, deseo) será lo suficientemente fuerte, como deseaba Federico, para hermanar con la mala conciencia todas las inclinaciones innaturales y no las naturales como lo hacen (hacemos) los hombres que habitan (habitamos) el mundo en este presente corrompido. Todo lo que se dirija en contra de los sentidos y los instintos, en contra del animal, será rechazado por este nuevo ser vencedor de Dios y de la nada. Este iluminado liberará a la humanidad de la gran náusea, devolverá a la tierra su meta y a sus pares la esperanza. El nuevo salto se dará. Una nueva caída. Sí. Alguna vez tiene que llegar. El mundo está cansado de nosotros.

28 febrero 2008

Ni blanco... Ni negro...

Gris, la prueba del equilibrio cromático (e intelectual).  



 Las obras son de la muestra Gris de Jasper Johns.

13 febrero 2008

Facebook y la paranoia: la distancia entre la red social y el mecanismo de control

Facebook se presenta como ‘una herramienta social que te conecta con gente a tu alrededor’. Probablemente lo haga, pero nunca me gustó eso de andar llenando formularios con datos personales en Internet (tampoco en bancos u otros lugares: recuerdo ahora lo mal que me sentí después de completar una larguísima planilla para que me den la tarjeta de crédito de un supermercado que al final nunca usé). No fueron pocas las veces que me registré en servicios con nombre falso, dirección falsa, número de teléfono falso y otras estupideces semejantes para, por lo menos, calmar un poco mi paranoia. Hoy, mientras seguía atentamente el proceso de registro a Facebook por parte de un compañero de trabajo, me asombré al notar lo siguiente: en la primera pantalla para completar el perfil personal se pide (además de los datos usuales como ‘nombre’ ‘sexo’ ‘fecha de nacimiento’ ‘ciudad’) la religión y la orientación política. Las opciones son (¡y no es broma!): ‘muy liberal’, ‘liberal’, ‘moderado’, ‘conservador’, ‘muy conservador’, ‘apático’, ‘libertario’ (¡?!). Esto que vi fue suficiente para tomar la decisión definitiva de no registrarme yo mismo. Podrá ser cierta o no esa leyenda urbana que considera a Facebook una herramienta creada/usada por el FBI para ampliar sus bases de datos. Podrá ser, también, que mi paranoia haya renacido sin demasiada justificación. Pero pienso que es necesario controlar el acceso a los datos personales pues la información es poder, quien tiene información sobre mí tiene algo de poder sobre mí (por eso nunca me gustó que A. hablara de mí con su psicoanalista). Y la mejor manera de hacerlo es no publicándolos en cualquier lado o, en su defecto, mintiendo lo más posible acerca de ellos.

31 enero 2008

Lost o un elogio (moderado) de la ambigüedad

Me pregunto si es realmente posible no hablar hoy de Lost. Supongo que nadie, ni los más fanáticos (entre los que me incluyo) ni los que se niegan (ya por capricho) a verla, puede estar ajeno al hecho de que hoy comienza la esperadísima cuarta temporada de la serie. Lost es el alma de la nueva televisión, el mejor producto que dio la industria en lo que va del siglo, que me indujo a abandonar de momento el cine (la oferta últimamente deja mucho que desear) pero no la calidad de su imagen. La multiplicación de los enigmas planteados por los guionistas desde el principio del programa inauguró un campo en el que la ambigüedad es la ley. Y “la ambigüedad es una riqueza –señala Borges- como el jugador, esconde esa carta para eludir un diseño narrativo que obligaría a transitar antes de tiempo por ese laberinto”. Nunca antes de tiempo, pero el laberinto hay que transitarlo. Y hoy es ese día en el que se debería comenzar a andar el arduo camino que lleva desde la ignorancia al conocimiento. Y digo ‘debería’ para manifestar la duda (si no el temor) que tengo de que esto no suceda o de que suceda de una manera que no cumpla con las exageradas expectativas que Lost me ha generado. No me gustaría ver cumplidas las profecías de los más pesimistas, aquellas que sugieren que la serie va a terminar mal, es decir, que no va a terminar, que no va a tener un final acorde con el magnífico desarrollo, que será abierto y decepcionante, que la mayoría de los misterios quedarán sin resolución, que saldrán de la ambigüedad con más ambigüedad. Según Aristóteles en La Poética (ese primer manual para guionistas) la adecuada construcción de una trama debe contener principio, medio y fin. Parece algo elemental pero, sin embargo, es algo muchas veces descuidado, sobre todo, en tiras o series televisivas. Es oportuno, entonces, citar acá la carta abierta que Stephen King, devoto de la serie, escribió a los creadores recordándoles que sus responsabilidades incluyen saber cuándo escribir ‘The End’: “Cuando una historia está perfectamente contada, es tiempo de fundir a negro. Termínenla de la manera que quieran, pero cuando sea el momento del cierre, dénselo”. Que el primer episodio de esta cuarta temporada se llame ‘The Beginning of the End’ me parece un buen síntoma.

29 enero 2008

El despotismo de lo “bello” y de lo “sano” (de los “bellos” y de los “sanos”)

Clarín publicó un artículo según el cual “los profesionales de la salud” y algunos “especialistas” (siempre tengo esta desagradable sensación cuando un periodista cita fuentes de esta clase, tan impersonales) encuentran que los estadounidenses están “demasiado gordos”, que hay “demasiados gordos” en ese país que “comen demasiado” y hacen “muy poco ejercicio”. El peligro radica, aparentemente, en que estos gordos han podido acceder a la red, han conformado un “gordósfera” (muy distinta de la blogósfera) y desde ahí “celebran sus figuras rellenas e instan a los lectores a aceptar sus cuerpos, a dejar de hacer dieta y a disfrutar la vida”. Resulta amenazante, parece ser, que estos “ingeniosos e irreverentes” gordos reivindiquen la gordura “exaltando la belleza de lo grande”. Ahora bien, ¿qué hay en la estructuración de un campo simbólico que lleve a percibir como un exceso perturbador el hecho de que haya gente que coma cuanto quiera? En esta época en la que el cuidado del cuerpo se impone como tema predilecto del discurso social, lugar privilegiado del bienestar, la salud y del buen parecido; en esta época en la que todo el ser recae en el cuerpo, en la que existe la necesidad imperiosa de cuidarlo y esculpirlo –léase dieta, gimnasio, quirófano, etc.- como si se tratase de una máquina de la que hay que obtener un rendimiento óptimo, es bueno tener bien presente aquel razonamiento de Lacan de que nada falta en lo real: toda percepción de una falta (“demasiado poco de esto”) o un exceso (“demasiado de aquello”) siempre supone un universo simbólico que nunca es verdadero en sí mismo.

11 octubre 2007

Definir es limitar

Esta fue una semana difícil: me propuse modernizar el blog, motivado por la crítica de la lectora preferida a quien le cuesta leer letras blancas sobre fondo negro. Pero a mitad de camino de la tarea, caí en la cuenta de que no iba a ser algo fácil. Más aún, se trató de una de las cuestiones más complejas con las que traté desde mi adolescencia. Me quitó horas de sueño y me perturbó a tal punto que el código html rebotó en mi cabeza durante varios almuerzos. Tal vez lo más complicado de mi iniciativa fue el ejercicio de etiquetar todos los posts, re-leer cada una de las entradas para categorizarlas fue (además de un poco avergonzante) extremadamente arduo. Empecé canchereando y creyendo que todo entraría bajo los rótulos ‘cine’, ‘literatura’ y ‘música’ pero enseguida todo se me fue de las manos: a algunos posts estas categorías le quedaban grandes y a otros, chicas. Entonces emergí de las tinieblas con ‘reflexiones’ y, con ella, otra vez la vergüenza (¿acaso son reflexiones lo que yo hago en este blog? ‘¡Qué presumido!’, pensé y casi vuelvo sobre mis pasos. Pero ¿si no ‘reflexiones’, qué? -dudé y el temor hizo que la categoría sobreviviera). Y cuando creí que, por fin, todo había terminado, ¡lo peor! Una broma macabra del destino: dos posts quedaban por fuera de toda categoría. Entendí que, en el esfuerzo por enmarcarlo todo, siempre algo se escapa. Supe (me acordé) que todo no se puede.

La segunda parte de una de las peores semanas de mi vida (casi suprimo el blog) comenzó cuando debía modificar la apariencia para evitar la crítica de la lectora. Probé varias hasta que, al fin, una me convenció. Era una plantilla blanquita, pulcra, luminosa, su combinación de colores era armoniosa, casi perfecta. Pero entonces, sobrevino una nueva, y más dura, crítica: con un argumento que no acabé de comprender y usando palabras como ‘esencia’ y ‘apariencia’, dijo algo así como que el nuevo diseño no respetaba el (supuesto) espíritu del blog. Rápidamente recuperó éste su apariencia original y yo cierta tranquilidad o alegría (no las logro distinguir del todo) porque para algunas cosas es cierto que soy un fucking conservador. La lectora deberá seguir haciendo un esfuerzo para leer esta página y sabrá comprender que todo no se puede.

(El peor momento: este post ¿encaja? en la etiqueta…)

04 octubre 2007

Al Qaeda aumenta el número de reclutamientos

Y todo gracias al malo de Brian De Palma. Es que a este peligroso enemigo de la libertad se le ocurrió hacer una película sobre la violación y asesinato de una adolescente iraquí por parte de soldados norteamericanos. Y como agravante, el sedicioso cineasta se atreve a decir que el film está basado en un hecho real. No quiero pensar lo que le espera a Occidente con esos jodidos musulmanes explotando (literalmente, porque eso es lo que hacen, explotar) de odio contra el mundo libre. Hacen bien las cadenas de distribución en prohibir la proyección de este malvado film y no harían mal las autoridades en, al menos, obligar al villano director a filmar películas… onda, para la familia (Scarface me gustó igual, aunque era un poco violenta).



El periodista de la cadena Fox News es Bill O’Reilly. Extraño mundo en el que vivimos ¿no?