Pero el peor enemigo con quien puedes toparte eres siempre tú mismo: a ti mismo te acechas tú, en las cavernas y en los bosques. ¡Oh, solitario, tú recorres el camino que conduce hacia ti mismo! Y ese camino pasa junto a ti mismo y a tus siete demonios. Para ti mismo llegarás a ser un hereje, y una bruja, y un hechicero, y un loco, y un incrédulo, y un impío, y un malvado. Tienes que querer consumirte en tus propias llamas. Sin antes haberte reducido a cenizas, ¿cómo renovarías tu ser? ¡Solitario, tú sigues el camino del amante! Te amas a ti mismo, y por ello te desprecias, como sólo los amantes saben despreciar. El enamorado quiere crear, porque desprecia. ¡Qué sabe del amor quien no tuvo que despreciar precisamente lo que amaba! ¡Vuélvete a tu soledad, hermano mío, y llévate tus lágrimas! Yo amo a quien quiere crear algo superior a él, y por ello perece.
De Friedrich Nietzsche en Así habló Zarathustra.
Una construcción infinita cuyo placer no está en el remate sino en la reiteración exploradora
11 septiembre 2008
Del camino del creador
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