12 febrero 2007

Un mundo color de...



Grandes ojos amarillos, una mirada ajena y despreocupada, largos bigotes y lánguida figura. Elegante (un corte aristocrático inglés), exquisita, relajada, absurda, sencilla, muda, divertida, ingenua, con gran templanza y confianza en sí misma para sobrellevar las peores situaciones. Le alcanzaron dos minutos de actuación en un cortometraje para causar sensación (el corto tuvo más éxito que la película a la que precedía) y, convertida en estrella de cine, ganó el Oscar e inmortalizó sus huellas en el Hollywood Boulevard. Devenida en símbolo del orgullo gay, su sexualidad fue siempre cuestionada (acaso que fume con una refinada boquilla, que realice tareas consideradas masculinas, que una canción la califique de ‘gentleman’ o que yo termine con ‘a’ todos los adjetivos, ¿confirma algo sobre su género?).

Párrafo aparte (no es sólo una manera de decir sino que se trata, de hecho, de un párrafo aparte) para la extraordinaria pieza musical que acompaña con su contoneo, dando unos saltitos estilizados y muy simpáticos al compás.

La Pantera Rosa: (y aquí otra vez mi insoportable manía por clasificar) el mejor dibujo animado de la historia.

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