21 marzo 2007

La cruzada imposible

Hay una batalla que se libra día a día, hora a hora y, en los peores casos, minuto a minuto. Se trata de la contienda de la mente contra sí misma, contra sus peores facultades, contra el temible potencial que tiene, por ejemplo, para iniciar ideas angustiantes, temores o, lo que es peor, ‘recuerdos anticipados’. Es que la razón tiene la capacidad de ordenar (¡qué familiar este concepto!) todas las cosas que fueron, son y serán y de crear esta suerte de ensayos mentales de todo lo que puede ocurrir, que son vividos con la intensidad dañina con que se sueñan algunos sueños, y que no sirven más que para la autoflagelación. Porque incluso cuando lo que se ensaya es una experiencia que pudiera ser grata, el resultado que se alcanza es la banalización de la acción final que, a causa de la anticipación y los rebotes dentro de la cabeza, ha perdido toda su gracia y será olvidada, desaparecerá aun más ágilmente (porque es hacia la desaparición el movimiento natural de todas las cosas). Esta batalla del pensamiento contra el pensamiento se combate rechazando el conocimiento anticipado de las cosas. Porque en cuanto algo se conoce, se sabe (se intuye) a fondo lo que es, ya no será lo que sería sin la perversa mediación de la razón. La relación con las cosas podría partir del desconocimiento, de la aceptación de la relación con lo desconocido, de la renuncia al intento por conocer y ordenar. La batalla, en fin, se gana (¡qué iluso!) retrocediendo. Generando la distancia necesaria para que el choque con (lo que ya a esta altura no voy a dejar de llamar) las cosas sea más fuerte, intenso y genuino.

4 comentarios:

street trilce dijo...

¿Debe desaparecer lo grato para convertirse en banalidad?

No sé. Creo que lo que sucede es que se puede tornar melancólico, así que lo de la autoflagelación cabe natural.

Realmente los ensayos mentales son a veces, devastadores.

Lo que ayuda, o hablo desde lo personal, es la filosofía, aún cuando inicialmente complejiza mucho. Y el vitalismo en medio de los escepticismos...
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Le daré vueltas a tu post.

Salute.

Melibé dijo...

Lo que relatás no es otra cosa que la terrible guerra que se desata todos los días cuando pasamos del universo onírico a la vigilia. Es una guerra cruenta e implosiva que solo dura una fracción de segundo y aniquila todo lo que estuvo atrás en el tiempo. Y ahí estamos; un personaje de este relato exhausto, con un temor nuevo en cada pestañeo y desperazándose cada segundo dentro de su mente mientras algunos están despiertos y otros, que ya nos dimos cuenta, inventamos un estado nuevo donde no hay ni despiertos ni dormidos. Es un estado híbrido, donde no hay batallas que alguna vez se vayan a desatarse.

Fu-Guada dijo...

es un intenso despertar.

Ignacio dijo...

La guerra de la mente contra sí misma es la guerra de la ilusión del tiempo. El yo perpetuo insufla una moral vacía, carente de sentido y de memoria, y es incapaz de ver que aquello que quiere enmendar y resolver, son sus propios errores. Creo que para resolver este dilema hace falta comprender el verdadero significado del tiempo, ver que es sólo una ilusión que crea la mente. El único momento verdaderamente real es ahora, no hay otro. Para vivir en ese momento hay que aprender a meditar, a estar consciente de nuestros pensamientos, de nuestro caminar, de nuestras emociones.